Historias de la Vida Real
LVD Insurance

Alan Rivera Prieto

Historias de la Vida Real

Historias reales de familias que tomaron decisiones a tiempo… y de otras que descubrieron demasiado tarde el precio de no hacerlo. Empiezo por mi propia historia, porque es la razón por la que hago este trabajo con tanta pasión.

Una nueva historia cada lunes
No. 04

El día que el “después lo hago” ya no fue una opción

Carlos y Andrea en su sala

Carlos y Andrea tenían una vida como muchas familias.

Trabajaban, tenían dos hijos, pagaban su casa, disfrutaban los fines de semana juntos y soñaban con seguir creciendo. No eran personas irresponsables. Simplemente tenían algo que muchas personas tienen: demasiadas cosas pendientes y la sensación de que siempre habrá más tiempo.

Un día hablaron sobre proteger su futuro. Un asesor financiero les explicó la importancia de tener una póliza que no solo protegiera a la familia si algo sucedía, sino que también pudiera brindar beneficios en vida en caso de una enfermedad grave.

Andrea escuchó con atención. “Sí, tenemos que hacerlo”, dijo. Pero luego llegó la frase que tantas familias han pronunciado: “Déjame pensarlo. Más adelante lo hacemos. Ahora tenemos otros gastos.”

Y ese momento pasó. Pasaron los meses. Después los años.

La vida continuó hasta que un día todo cambió. Andrea comenzó a sentir problemas de salud. Al principio pensaron que era algo temporal. Después de varios exámenes llegó una noticia que nadie esperaba: un diagnóstico serio que cambiaría completamente su vida.

La enfermedad avanzó y, con el tiempo, Andrea perdió parte de su movilidad. Lo que antes hacía con normalidad se volvió una lucha diaria. Terminó necesitando una silla de ruedas y ayuda constante para muchas actividades.

Pero hubo otro golpe inesperado. Andrea ya no podía trabajar como antes. Los ingresos de la familia disminuyeron justo cuando los gastos aumentaron: tratamientos, terapias, adaptaciones en la casa y cuidados especiales.

Carlos hizo lo que hacen muchas personas cuando aman a su familia: tomó el control, trabajó más horas, buscó soluciones y cargó con todo lo que pudo. Pero había algo que ya no podía cambiar.

Cuando intentaron buscar una póliza de protección, la respuesta fue diferente. La enfermedad que antes era una posibilidad ahora era un antecedente médico. Lo que años atrás podía haberse planificado con tranquilidad, ahora era mucho más difícil o incluso imposible.

El problema nunca fue que no quisieran protegerse. El problema fue pensar que siempre habría un mañana.

La historia de Carlos y Andrea nos recuerda algo importante: la planificación financiera no se hace cuando la necesitamos. Se hace cuando todavía tenemos la oportunidad de elegir.

Porque nadie puede comprar un paraguas después de que empezó la tormenta.

Historia basada en situaciones reales que viven muchas familias. Los nombres y detalles han sido modificados para proteger la privacidad.

Alan Rivera Prieto Fundador, LVD Insurance · Miami, FL
No. 03

El hombre que dejó de pedirle dinero al banco... y creó su propio banco familiar

Lucas firmando la planificación del trust familiar

Lucas llevaba más de 25 años en el negocio de compra y venta de automóviles. Su concesionario era rentable, pero tenía un problema que parecía imposible de evitar: cada vez que aparecía un buen lote de autos en un remate, dependía del banco para conseguir el dinero.

Los trámites demoraban, los intereses eran altos y, más de una vez, perdió excelentes oportunidades porque el financiamiento no llegó a tiempo.

Además del negocio, Lucas tenía otra prioridad: su familia. Estaba casado y tenía tres hijos pequeños, de apenas 2, 3 y 5 años.

Un día tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida financiera. Contrató una póliza Whole Life indexada para él y otra para su esposa, además de la protección que necesitaba para su familia.

Cinco años después comenzó a utilizar el valor acumulado de esas pólizas. En lugar de pedir préstamos al banco, empezó a solicitar préstamos sobre el valor en efectivo de sus propias pólizas. No tenía que justificar para qué quería el dinero, no había largas aprobaciones y podía disponer del capital cuando surgía una oportunidad.

Compraba los lotes de autos, los vendía y luego devolvía el préstamo. Descubrió que estaba pagando menos por utilizar su propio capital que lo que antes pagaba al banco en intereses y costos financieros.

Había creado, en la práctica, su propio banco.

Con el tiempo también adquirió pólizas de acumulación para cada uno de sus tres hijos. El patrimonio financiero de la familia comenzó a crecer año tras año. Diez años después, el valor acumulado entre las cinco pólizas era considerable, y había contribuido al crecimiento de su empresa sin depender del sistema bancario como antes.

Pero Lucas pensaba mucho más allá. Constituyó un trust familiar e incorporó en él sus propiedades, su negocio y las pólizas de seguro de toda la familia. Su objetivo no era solo proteger su patrimonio, sino construir un legado.

Su sueño es que sus nietos, y luego sus bisnietos, también formen parte de esa estrategia. Está convencido de que la riqueza no se construye en una sola generación, sino que se transmite mediante planificación, disciplina y visión de largo plazo.

Lucas no encontró un banco mejor. Simplemente decidió convertirse en el suyo.

Historia basada en un caso real. Se han cambiado los nombres y algunos detalles para proteger la privacidad de la familia.

Alan Rivera Prieto Fundador, LVD Insurance · Miami, FL
No. 02

Una sola decisión cambió el destino de toda su familia

María Laura acompañada por sus hijos

Cuando una madre protege primero a sus hijos… y años después son ellos quienes la salvan.

María Laura nunca imaginó que tendría que sacar adelante sola a sus dos hijos.

Cuando Juan tenía 13 años y Ana Lucía 11, su esposo decidió marcharse con otra mujer. De un día para otro, ella quedó sola, con el corazón roto, dos niños que criar y un salario de enfermera que apenas alcanzaba para cubrir los gastos de la casa.

Como muchas madres, dejó de pensar en sí misma. Cada dólar tenía un destino: alimentación, colegio, ropa, medicinas... y, aun así, tomó una decisión que muchos consideraron un sacrificio innecesario: contrató una póliza IUL para cada uno de sus hijos. Para ella no pudo comprar una. Simplemente no alcanzaba el dinero.

Pasaron los años. Juan cumplió 20 y decidió ingresar a la universidad. Gracias al dinero acumulado en su póliza, pudo financiar gran parte de sus estudios sin endeudarse.

Ana Lucía, en cambio, tenía otros sueños. No quería seguir una carrera universitaria. Utilizó el valor acumulado de su póliza para viajar a Europa, y durante ese viaje descubrió una oportunidad de negocio en Italia. Decidió apostar por ella y, con ese mismo capital, inició un pequeño emprendimiento que terminó cambiándole la vida.

Los años siguieron pasando y los dos hermanos nunca olvidaron el sacrificio que había hecho su madre. Cuando María Laura cumplió 57 años, Juan y Ana Lucía se pusieron de acuerdo para hacer algo que ella nunca había podido hacer por sí misma: regalarle una póliza IUL.

Fue una decisión que, sin saberlo, cambiaría el destino de toda la familia.

Poco tiempo después, María Laura fue diagnosticada con Parkinson. El impacto emocional fue enorme, pero el financiero no fue devastador. Gracias a los beneficios en vida de su póliza, pudo acceder a tratamientos, terapias y cuidados especializados que habrían sido muy difíciles de costear de otra manera.

La protección que un día ella sembró para sus hijos, regresó multiplicada.

Primero fue una madre cuidando el futuro de sus hijos. Después fueron dos hijos cuidando el futuro de su madre.

Las buenas decisiones financieras no siempre muestran su valor de inmediato. A veces tardan años. Pero cuando llega el momento en que más se necesitan, pueden cambiar por completo la historia de una familia.

Esta historia está basada en un caso real de una familia asegurada por un colega con más de 20 años de experiencia en la industria. Se han cambiado los nombres y algunos detalles para proteger su privacidad.

Alan Rivera Prieto Fundador, LVD Insurance · Miami, FL
No. 01

Lo que Teresa me enseñó cuando ya no estaba

Hay un antes y un después en mi vida, y tiene un nombre: Teresa.

Ella era mi esposa. La madre de mis tres hijos: Belén, Nicolás y Martha Isabella. Durante seis años peleó, con una fuerza que todavía no sé de dónde sacaba, contra una enfermedad que no daba tregua. Y después de esos seis años, se fue.

No fue de un día para otro. Fue una batalla larga — y las batallas largas cobran factura. Se fueron los ahorros, se fue la tranquilidad, se fueron años enteros dedicados solo a sobrevivir el golpe financiero de estar luchando por su vida.

Cuando Teresa partió, no solo perdí a mi compañera. Perdí también el 50% del ingreso de mi hogar. Y seguí pagando facturas médicas durante cuatro años más, solo, con tres hijos que me miraban esperando respuestas que yo tampoco tenía.

No hubo un seguro de vida que amortiguara el golpe. No porque no quisiéramos — sino porque, como le pasa a tantas familias, “para eso” nunca era el momento. Siempre había algo más urgente. Siempre “después.”

El después nunca llegó a tiempo.

¿Cómo hubiera cambiado nuestra historia con ese respaldo? ¿Cuántos de esos seis años de lucha habríamos podido vivir sin la sombra constante del dinero encima?

No tengo la respuesta. Esa duda me acompañará siempre.

Pero decidí que ese dolor no iba a ser en vano. Dejé de ser una víctima del sistema financiero y me convertí en estratega. Hoy he ayudado a cientos de familias — muchas de ellas latinas, como la mía — a blindar su patrimonio antes de que la vida les pase la factura que a mí me tomó años en pagar.

Esto no se trata de miedo. Se trata de previsión.

No esperes a que la vida te enseñe esta lección como me la enseñó a mí.

Alan Rivera Prieto Fundador, LVD Insurance · Miami, FL